¿A dónde va Vicente? A donde va la gente

Somos altamente influenciables y acostumbramos seguir modas.

Las redes sociales se inundan de comentarios sobre los asuntos del momento y a los pocos días se olvidan, ejemplos tenemos muchos: explosión en el mercado del cohete, XV de Rubí, Trump, gasolinazo, tragedia en escuela de Monterrey, y ni que decir de todas las ‘ladies’ y ‘lords’.

Hoy domingo, en la Iglesia Bautista Príncipe de Paz de MTY, NL, nuestro pastor al predicar la Palabra de Dios nos cuestionaba: -¿Cómo es posible que no nos duela la sociedad? Haciendo referencia a la nula reacción piadosa que percibió de nosotros como congregación ante los trágicos acontecimientos al sur de la ciudad, mismos que sacudieron a la nación a mediados de la semana pasada.

Él se encontraba fuera de la ciudad y nos comentó que esperaba una reacción inmediata buscándonos unos a otros para: primero, alentarnos a doblar nuestras rodillas y orar a Dios rogando consuelo y paz en medio de la tragedia para las personas afectadas por los hechos; y después dialogar hacia dentro de nuestra propia familia sobre los acontecimientos y hacer un frente común en cuanto a la orientación hacia nuestros hijos e hijas.

Pero lejos de ver lo antes mencionado, notó cómo nos volcamos a las redes sociales para ‘opinar’ sobre los hechos, dejando a un lado las dos reacciones esperadas.

Siendo objetivos, reconozco que tiene razón. Seguimos la tendencia que nos marcan los demás, nos dejamos llevar por la corriente. No dudo que la gran mayoría tenemos una genuina preocupación… pero ¿qué haremos para pasar de la preocupación a la ocupación?


Mi propuesta es la siguiente:

  1. Debemos priorizar a quién debemos dirigir inicialmente nuestra comunicación. Considero que no es malo expresar nuestra opinión en las redes sociales, sin embargo, cuando nuestra prioridad no es orar, ordenar nuestras ideas, afianzar nuestras convicciones, comunicarnos adecuadamente con nuestra familia, con aquellos con quienes compartimos el techo, nada tenemos que hacer en las redes sociales.
  2. Acto seguido, comuniquémonos adecuadamente. Con esto me refiero a llegar a una comunicación profunda compartiendo nuestro sentir. Hace años aprendí que existe cuatro niveles de comunicación. Cuando hablamos de:
    • Cosas triviales, como el clima o el resultado de la lotería;
    • Lo que otros dicen, como cuando mencionamos los que escuchamos de un comentarista o leímos en una página de la web;
    • Lo que nosotros pensamos, esto ya implica un compromiso de nuestra parte, definir posturas sobre tal o cual tema;
    • Lo que nosotros sentimos, este es el nivel más profundo de comunicación, ya que cuando empezamos a compartir nuestro sentir generamos un vínculo de transparencia y confianza que provocará una mayor apertura en nuestro interlocutor.

Sabemos que muchas veces iremos contra la corriente, porque la gente no está acostumbrada a escuchar sobre el sentir de los demás y mucho menos a expresar el sentir propio, y si alguna vez lo hace es cuando hay enojo o molestia, pero eso se genera como una explosión que lo único que logra es levantar un muro que bloquea la buena comunicación.

Pero recordemos un punto clave, empecemos por nuestro núcleo familiar.

Papás y mamás, compartamos con nuestros hijos e hijas nuestro sentir hacia ellos, debemos decirles y demostrarles cuánto les amamos, cómo nos sentimos cuando nos mienten, cómo nos emociona saber que están haciendo los cosas de una forma trasparente y correcta.

Hijos e hijas, díganle a papá y a mamá cómo se sienten cuando sin motivo aparente les prohiben ciertas cosas, cuando en la escuela están recibiendo presión para hacer algo incorrecto, cuando les escuchan discutir a ellos como matrimonio, cuando ven incongruencia entre lo que les dicen y lo que realmente hacen. Pero cuidado, no juzguen ni ofendan a sus padres, pero sí comuniquen su sentir.

Por nuestra parte, mi familia y yo podemos compartirles algunas sugerencias al respeto de la comunicación en medio de la familia. Si en algo podemos servirles, no duden en contactarme.


Termino con este versículo de la Biblia, escrito por el hombre más sabio que ha existido, Salomón, pero inspirado por Dios mismo.

Proverbios 15:23 (NTV) A todo el mundo le gusta una respuesta apropiada; ¡es hermoso decir lo correcto en el momento oportuno!


 

Con gran aprecio,

Alfredo Luna

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