Lo que los niños y las niñas necesitamos

Para los amantes del cine estas fechas se caracterizan por ser la temporada de premios, misma que termina con la entrega de los Oscares.

Para los que nos gusta la Oratoria, al menos en estos rumbos del país, sabemos que estas son las fechas de los concursos de las escuelas primarias y secundarias.

En próximos días, en concurso de zona, una de las escuelas de la región utilizará el siguiente discurso. Mismo que he decidido compartirles,  ya que sigo enfatizando la importancia de la atención y comunicación familiar.

Con gran aprecio,

Alfredo Luna


Lo que los niños y las niñas necesitamos

Introducción

“La mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre”. -Albert Einstein

Lo que los niños y niñas necesitamos son un padre y una madre que abran su mente ante las diversas necesidades reales que tenemos.

Honorables miembros del jurado calificador, distinguidas autoridades escolares, apreciables maestros, amados padres y madres de familia, queridos compañeros, público en general. Estoy convencido de que nuestros padres nos deben educar sobre las mismas bases en las que nuestros abuelos fueron educados.

Desarrollo

Padres y madres de familia: Ustedes son el primer y único modelo de vida que nosotros debemos imitar.

Se dice que en cierta ocasión, después de una ligera nevada, un padre de familia salió de su casa y avanzó algunos metros; de pronto, se percató que su pequeño hijo iba tras de él, justamente pisando sobre las huellas que iba dejando al caminar, y le preguntó: -Hijo mío, ¿qué haces?, ¿a dónde vas?. A lo que el niño, con su inocente vocecita, respondió: -Voy siguiendo las huellas de papá. Enseguida el hombre reaccionó y regresó a casa junto con su hijo. Él se dirigía a la cantina del pueblo.

Papás y mamás, ante todo les amamos y respetamos, sus hijos no debemos juzgarles. Pero les suplico que no dejen a un lado el gran privilegio de ser nuestros modelos a seguir. No le cedan esa posición a figuras públicas, ni a nuestros amigos o compañeros; necesitamos verles como un ejemplo digno de imitar, si no lo vemos en ustedes lo buscaremos en otro lado y muy probablemente será demasiado tarde cuando nos demos cuenta que esas personas, fuera de nuestro núcleo familiar, tampoco eran buenos ejemplos a seguir.

Les invito a reflexionar sobre el hecho de que en gran medida nuestra felicidad dependerá de la forma en que ustedes, nuestros padres, nos eduquen.

Al llegar a la edad adulta podremos hacer los afines necesarios para cambiar patrones familiares de aspectos que no debemos repetir. Pero ¿qué necesidad de vivir lo que ya sabemos que habremos de cambiar al momento de formar nuestra propia familia? Eso será muy difícil y nos costará mucho, eso si es que llegamos a tener éxito. Hoy necesitamos nos enseñen el valor de las cosas; que todo tiene un costo; y que los errores generan consecuencias que debemos pagar; que a la pareja se le debe amar y respetar; que a los hijos se les debe disciplinar con amor; que los padres no son simples amigos, que son muchísimo más que amigos; que debemos esforzarnos por hacer las cosas correctas bien y a la primera; que dar generará más bendición hacia nosotros, que si solo recibimos; que debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, sin importar su edad, raza, condición socioeconómica ni preferencias.

Les invito a la acción, a regresar a la esencia y los motivos que nuestros antepasados tuvieron para educar a las generaciones anteriores a las nuestras.

Conclusión

Hemos escuchado que no existe una escuela para aprender a ser padres y madres, pero creo que es una idea que la sociedad ha querido vender para justificar el abandono en el que viven muchos hijos e hijas de familia, ya que en muchas casas viven familias completas, pero ahí dentro hay niños, adolescentes y jóvenes abandonados por sus padres.

Las escuelas para padres y madres de familia sí existen.

La situación debiera ser tan sencilla como razonarlo desde este enfoque:

Es muy probable que nosotros seremos padres de familias y la escuela en la cual debemos aprender a ser padres es en el hogar en el que nacimos. Debemos aprender de papá y mamá a hacer mejor aquello que vemos han hecho bien y, sin juzgarles, decidir cambiar aquello que consideramos no debemos repetir cuando nos corresponda vivir esa experiencia.

Alguien de apellido Punset alguna ocasión dijo que: “Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia ante los sufrimientos ajenos”.

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