Tú + buenos hábitos = persona extraordinaria

La semana inmediata anterior, usé una frase que dice: “Piensa mal y acertarás”, la cual te invité a replantear como “Piensa bien y lo lograrás”. Hoy mencionaré otra interesante expresión que seguramente has escuchado: “el hábito no hace al monje”. Este dicho recomienda no juzgar a las personas por su aspecto externo, pues no siempre el exterior corresponde al interior. En este caso, el hábito, es un traje que visten los miembros de una orden religiosa.

Pero en esta ocasión te invito a analizarte, a identificar tus hábitos, pero no esos trajes religiosos, sino aquellas prácticas habituales que tienes.

Charles Duhigg, en su exitoso libro The Power of Habit – Why We Do What We Do and How to Change It (El poder de los hábitos – Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en la empresa), menciona que cuando emerge un hábito, el cerebro deja de participar plenamente en la toma de decisiones. Esto se debe porque, según los científicos, el cerebro siempre está buscando la forma de ahorrar esfuerzo.

Es como cuando, buscando ser más eficientes en nuestro trabajo, empezamos a usar macros en Excel. Estas macros, al ser instrucciones pre-grabadas por nosotros mismos, las echamos a andar con el uso de uno o dos botones del teclado de la computadora y el tiempo de ejecución es tremendamente breve a que si no las utilizáramos. El principal estímulo para utilizarlas es que nos evitan darle al programa diversas instrucciones repetitivas, mismas que requieren de nuestra absoluta atención e inversión de tiempo.

Pero aquí hay algo muy importante, si al programar la macro se hace en forma incorrecta, lejos de lograr el resultado esperado, se obtiene algo totalmente inservible al ejecutarla.

Algo similar sucede con nuestro cerebro, adquirimos hábitos, los cuales hacen que hagamos cosas sin tener que estar conscientes de las decisiones, ya que el cerebro desea ser utilizado para cosas más retadoras. Es por ello, que el cerebro no se detiene a determinar por cuál lado de la cama nos levantamos por la mañana, qué movimientos hacer al cepillar nuestros dientes, en qué momento hacer un cambio de velocidad en nuestros auto estándar. Definitivamente, el hábito se fue creando y al inicio tal vez tuvimos que ser conscientes de qué hacer y cómo hacerlo, como cuando aprendimos a andar en bicicleta, a nadar, a manejar, etc.

Precisamente porque los hábitos son cosas que hacemos de forma automática, sin darnos cuenta, debemos empezar a ser conscientes de lo que hacemos y así como de cuándo, cómo y por qué lo hacemos. Según Charles Duhigg, los cuándos (señales) y los por qués (recompensas) no deben preocuparnos, son los cómos (rutinas) los que seguramente debemos cambiar.

Te invito a crear/retomar tu hábito de la lectura y qué mejor que hacerlo con este extraordinario libro: The Power of Habit – Why We Do What We Do and How to Change It (El poder de los hábitos – Por qué hacemos lo que hacemos en la vida y en la empresa), posiblemente hay hábitos que debes cambiar a la brevedad, pero debes aprender cómo hacerlo.

Así como “el hábito no hace al monje”, “los buenos hábitos hacen personas extraordinarias”.

Te deseo lo mejor de lo mejor en este proceso de cambiar hábitos negativos por hábitos positivos.

Hasta la próxima,

Saludos, A. LUNA

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