3 elementos vitales familiares antes que empresariales

Inicio con extraordinaria anécdota del Consejero de Organizaciones Jesús Lechuga:

Un día, en mi rol de consultor, esperaba a una directora de RRHH de una empresa ubicada en la Ciudad de México. Mientras esperaba me puse a leer, claro, todo lo que estaba colgado en la sala de recepción, ya saben, visión, misión, propósitos estratégicos, y cuando llegué al cuadro que contenía los valores que predicaba esa empresa me topé con este vocablo: “atingente”.

  • Muy bonitos los letreros –le dije a la recepcionista–. Lucen, lucen.
  • Sí, ¿verdad? –me contestó ella toda orgullosa–. Los acabamos de poner; son nuevecitos.
  • En efecto –le dije–. Y por cierto, me encontré una palabra que no entiendo y por lo tanto no capto el significado de lo que quieren decir; está aquí en el cuadro de los valores: ‘atingente’. ¿Qué quiere decir?
  • ¿Cómo? –dijo la muchacha con cara de duda al tiempo que miraba fijamente el letrero como si la definición de ‘atingente’ fuera a brotar espontáneamente de ahí–. Pues, la mera verdad, no sé qué quiere decir.

En eso entró a la recepción la directora que esperaba y después de saludarme me preguntó qué pasaba. Le contesté:

  • Solo le preguntaba a tu recepcionista por el significado de esta palabra, ‘atingente’, que no entiendo.

La Directora de RRHH miró el cuadro con la misma fijeza con que lo había hecho su recepcionista, volteó conmigo y me dijo:

  • No lo sé, pero me queda de tarea el averiguarlo.

Bueno –pensé–, al menos va a conocer una palabra nueva. Por mi parte, en cuanto tuve oportunidad, investigué la definición de tal voquible.

¿Aprendizaje, damas y caballeros? La axiología o filosofía de valores de una empresa no es lo que está contenido de manera linda en las páginas web de la empresa ni mucho menos lo que cuelga enmarcado divinamente en las salas de recepción de los negocios (que muchas veces no entiende ni el personal de la empresa). No, esas son solo palabras bonitas que las más de las veces no significan absolutamente nada y que solo sirven para efectos decorativos.

Almaraz, Jesús Lechuga. ¿Por qué es difícil dirigir personas? ¡Porque son personas!: Guía para reflexionar como ser mejor persona… y mejor jefe (Spanish Edition) (Posición en Kindle 668-687). Jesús Lechuga Almaraz. Edición de Kindle.

Como lo menciona don Jesús, en el área de recepción de muchas empresas podemos ver hermosos marcos de fotografía colgados en las paredes. El contenido de dichos marcos debiera ser el motor que mueve en perfecta sincronía el ser y el hacer de dicha empresa. Sin embargo, pareciera que ese contenido simplemente es el reflejo de un momento de inspiración del fundador, del consejo de administración o, en el peor de los casos, de un consultor externo que cobró miles de dólares por redactar la visión, la misión y los valores de la empresa.

El grave problema es que muchas veces la visión, la misión y los valores son palabras/frases que, en el mejor de los casos, se memorizan por algunos de los empleados. En mi experiencia, en mi última relación laboral, tenía un cuadro muy cerca de mí el cual enunciaba cada uno de los valores de la empresa y confieso que intenté memorizarlos, pero al leerlos constantemente, me daba cuenta que lo importante no era memorizarlos, sino vivirlos en forma natural y espontánea. Por lo cual, constantemente me auto-evaluaba para asegurar mi apego a los mismos.

Es preocupante que muchas empresas no se interesan por permear esa visión, misión y valores con el firme propósito de que se conviertan en sus diferenciadores y el vehículo que les lleve al éxito y a la permanencia.

Pero vayamos más lejos, el empleado vivirá en forma natural y espontánea en función de esos tres elementos, si en el aspecto personal y familiar también tiene una visión, una misión y unos valores. ¿Por qué? Porque al tener esa guía en su vida, también hará suyos de una forma vivencial los de la empresa para la que colabora. Es por ello que es muy importante compartir con los colaboradores qué son y cómo se deben desarrollar la visión, la misión y los valores personales y familiares.

El punto clave inicial es compartir con todos y cada uno de los colaboradores de la empresa ideas de preguntas que al responderlas le llevarán a definir estos 3 elementos vitales:

  1. Visión. El “qué”:
    1. ¿Qué pretendo lograr como persona?
    2. ¿Qué pretendemos lograr como pareja?
    3. ¿Qué pretendemos lograr como familia?
  2. Misión. El “para qué”:
    1. ¿Cuál es el propósito de mi vida?
    2. ¿Cuál es el propósito de nuestra relación de pareja?
    3. ¿Cuál es el propósito de nuestra familia?
  3. Valores. El “cómo”:
    1. ¿Qué aspectos debo desarrollar para lograr mis “qués” y “para qués”?
    2. ¿Qué aspectos debemos desarrollar para lograr nuestros “qués” y “para qués” como pareja?
    3. ¿Qué aspectos debemos desarrollar para lograr nuestros “qués” y “para qués” como familia?

Precisamente este el asunto que abordo en el primer módulo del Taller: Escuela Para Padres en la Empresa.

Será un placer poder participar contigo en desarrollar el bienestar de tus colaboradores, lo cual tendrá como consecuencia natural, empezar a vivir con intensidad la visión, misión y valores corporativos, mejorando así indicadores como:

  • Disminución de rotación de personal 
  • Incremento de productividad
  • Incremento de la lealtad de los colaboradores hacia la empresa

Recuerda la importancia de dar prioridad a la atención que debes tener en todo lo relacionado con tus colaboradores. Para muestra cierro con comentario de Howard Schultz, zar del café: presidente ejecutivo y ex CEO de Starbucks, el cual se publicó en FORBES

En 1987 teníamos 11 tiendas y 100 empleados y ya estábamos hablando de la necesidad que tenían los negocio de equilibrar la rentabilidad y la benevolencia. Starbucks fue una de las primeras compañías estadounidenses en otorgar a los trabajadores de medio tiempo un seguro de salud integral y una participación en forma de opciones sobre acciones.

En aquel entonces nuestros accionistas estaban muy enojados y preocupados por la dilución. Les convencí que seríamos más rentables, más productivos, al crear estos beneficios. Cuando ofrecimos colegiaturas gratuitas hace unos años, les expliqué que no era caridad porque invertir en la gente una forma de crecer. Todavía intento construir el tipo de compañía en el que mi padre nunca tuvo la oportunidad de trabajar; él tenía muchos trabajos de cuello azul, y yo vi de primera mano el efecto que tuvo en él la falta de respeto y aprecio. No tenía lealtad por ningún empleador porque ninguno le mostraba lealtad a él.

Howard Schultz

 

Saludos,

A. LUNA

 

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