Impulsando la trascendencia | Episodio 002 | ¿Cómo te ves?

Estamos avanzando ya en la segunda semana del 2018 y este es el episodio número 002.

Retomo el punto con lo que concluí el episodio anterior, mencioné que todo empieza con un proyecto de vida.

Este tema regularmente es un asunto inexplorado por muchos. A pesar de que el ser humano en general siempre se ha preguntado de dónde vino y hacia dónde va. Es común que piense en el origen y en el destino final, pero no piensa en el punto intermedio, que es su permanencia en esta tierra.

Hace algunos años, allá por el 2002, se publicó el libro Una Vida con Propósito, del autor cristiano Rick Warren. Tuvo tanto éxito que en un solo año llegó a vender más de 30 millones de copias y estuvo por 90 semanas en la lista de los libros más vendidos. Esto es un reflejo claro que nos habla de la necesidad que las personas tenemos de entender el propósito de nuestra vida en lo particular, independientemente del propósito de la vida del ser humano en general. Pero ¿para qué damos tantos brincos estando el suelo tan parejo? La respuesta está en nosotros mismos. Diversos científicos han estudiado el cerebro y su funcionamiento, y de ahí se ha descubierto cómo se generan nuestras emociones y nuestras reacciones; es ahí donde debemos indagar. Existen valores, definitivamente, lineamientos universales positivos que si los aplicamos a nuestro diario vivir tendremos el éxito que tanto anhelamos en nuestra vida personal, familiar y empresarial, y también aseguraremos la trascendencia a través de las generaciones.

Pero siempre volveremos al origen: nosotros mismos.

Porque somos nosotros mismos quienes debemos poner atención particular a diversas situaciones esenciales, por ejemplo:

  • ¿Cómo voy a cultivar mi vida espiritual?
  • ¿Cómo voy a cuidar mi cuerpo?
  • ¿Cómo voy a relacionarme con los demás?
  • ¿Cómo o con qué voy a alimentar mi mente?

Estos cuatro puntos son, parafraseados, los cuatro aspectos que Stephen Covey menciona como el 7o. Hábito, Afilar la sierra, en su exitoso libro las 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

De esos aspectos se pueden derivar muchísimos otros que podemos aplicar particularmente a cada uno de nuestros roles.

Regreso al punto del proyecto de vida, para preguntarte: ¿Tienes claro tu proyecto de vida? Si la respuesta es sí, te felicito muy sinceramente. Pero si tu respuesta es no, te invito a dedicarte a ti mismo un tiempo de mucha calidad para que empieces a analizar aquello que deseas lograr hacia el final tus días. Un proyecto de vida siempre empieza con una visión positiva, y esto trae a mi mente una idea que hace muchos años leí en el libro Visioingeniería de Andy Stanley:

Si yo le pidiera que me describiera cómo se concibe dentro de diez años, es muy probable que pueda darme una imagen bastante clara. Sin duda, va a trazar un perfil económico. Es posible que describa lo que espera alcanzar en cuanto a sus relaciones. También tiene cierta idea de dónde quiere estar en cuanto a su profesión. En otras palabras, usted sería capaz de mirar más allá de lo que es ahora, para pintar una imagen de lo que podría ser cierto con respecto a su vida. Eso es visión.

La falta de visión es lo que hace que muchas vidas se pierdan en un mundo de conformismo, de vicios, de sufrimiento, de autodestrucción.

La falta de visión, el vivir solo en el día a día, en el corto plazo, provoca que muchas empresas que nacieron con grandes ideas y propósitos vayan directo a la quiebra y a ser enterradas en el panteón de las ideas brillantes que no nacieron con una visión de largo plazo.

En el ámbito personal la falta de visión positiva provoca:

  • Adicciones
  • Embarazos no deseados
  • Diversos tipos de violencia
  • Divorcios
  • Suicidios
  • Asesinatos
  • Fraudes
  • Robos

Termino con este fragmento de un libro que ya mencioné hace unos momentos, Los 7 Hábitos de la Gente Altamente Efectiva, de Stephen Covey.

Véase mentalmente asistiendo al funeral de un ser querido. Imagínese conduciendo su coche al velatorio o a la capilla, aparcando y saliendo. Mientras camina dentro del edificio advierte las flores, la suave música de órgano. Ve los rostros de amigos y parientes. Siente la pena compartida de la pérdida y la alegría de haber conocido al difunto que irradia de las personas que se encuentran allí. Cuando llega al ataúd y mira adentro, de pronto queda cara a cara consigo mismo. Ese es su propio funeral, que tendrá lugar dentro de algunos años. Todas esas personas han ido a rendirle un último homenaje, a expresar sentimientos de amor y aprecio por su persona. Cuando toma asiento y espera a que comience el servicio religioso, mira el programa que tiene en la mano. Habrá cuatro oradores. El primero pertenece a su familia (la familia inmediata y la extensa: hijos, hermanos y hermanas, sobrinos y sobrinas, tíos y tías, primos y abuelos, que han viajado desde distintos puntos del país). El segundo orador es uno de sus amigos, alguien que puede hablar de lo que usted era como persona. El tercer orador es un colega o compañero de trabajo. Y el cuarto proviene de su iglesia o de alguna organización comunitaria en la que usted ha servido. Ahora, piense profundamente. ¿Qué es lo que le gustaría que cada uno de esos oradores dijera sobre usted y su vida? ¿Qué tipo de esposo o esposa, padre o madre, le gustaría que reflejaran sus palabras? ¿Qué clase de hijo, hija o primo? ¿Qué clase de amigo? ¿Qué clase de compañero de trabajo? ¿Qué carácter le gustaría que ellos hubieran visto en usted? ¿Qué aportaciones, qué logros quiere que recuerden? Mire con cuidado a la gente que lo rodea. ¿Cómo le gustaría haber influido en sus vidas?

Hasta la próxima.

Saludos y gracias.

 

 

 

 

 

 

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