Amor mal entendido, aunque genuino y bien intencionado

El domingo 17 de junio de 2018 es motivo de celebración.

Casi todos los mexicanos dirán, pues claro, se celebrará (realizar un acto formal con las solemnidades que este requiere) el primer partido de nuestra amada Selección Mexicana de Futbol en el mundial Rusia 2018 y lo dirán felices y entusiasmados (tal vez porque olvidaron contra quienes se enfrentará, pero mejor no sigo).

Pues lamento mencionar que no me refiero a esa celebración, sino a la celebración (realizar un acto festivo por algo que lo merece) del día del padre.

Este tipo de conmemoración a la gran mayoría de nosotros nos lleva a la reflexión. Algunos pensamos y damos gracias por nuestro padre presente y vivo, pero vienen a nuestra mente momentos que quisiéramos recordar por siempre y otros que, al no poder dar marcha atrás al tiempo, al menos quisiéramos no recordar jamás, aunque tal vez nos ha tocado vivir algunas consecuencia desagradables de eso que no quisiéramos recordar.

Otros pensarán en un padre presente, pero que ya ha fallecido, algunos más en padres ausentes y otros en padres de crianza o adoptivos.

Mis recuerdos de estos temas parten desde mi abuelo paterno, tengo gratos recuerdos de él que conservo con mucho cariño de vivencias que tuvimos hasta mis 14 años, edad que yo tenía cuando el falleció. Mi abuelo materno murió cuando yo tenía 1 año, no tengo recuerdos de él.

Con el tiempo, logré ver el fruto de su labor como papá. Esto a través de mi padre, hoy de 80 años. He de confesar que, de acuerdo a mi criterio, creo que hizo su labor de padre de la mejor manera posible, pero guiado por algo que llamo un “amor genuino bien intencionado, pero mal entendido”, ese amor que se refleja sobre-protegiendo a los hijos, pero al mismo tiempo siendo permisivos e incluso resolviéndoles problemas que de acuerdo a la edad de los hijos ya deberían ser resueltos por ellos mismos. Ese “amor bien intencionado, pero mal entendido” puede generar una dependencia casi total en muchos aspectos de los hijos en relación con los padres.

Los efectos de ese “amor genuino bien intencionado, pero mal entendido” tuvieron repercusiones no muy positivas que me alcanzaron. Por mi parte, también recibí un “amor bien intencionado, pero mal entendido”. Primero, sé que mi padre me ama (y yo a él), pero ha tenido una forma muy singular de mostrarme su amor. Por un lado, entre muchas cosas, recién yo había nacido me compuso una canción, me impulsó mucho en aspectos escolares, sembró en mí el amor por estudiar, por leer, por hablar en público y, lo más importante en la vida, me guió a los pies de Jesucristo. Pero por otro lado, me disciplinó físicamente (creo que) de forma excesiva, me protegió de una forma también exagerada aún a mis 27 años antes de casarme, lo cual, aún a la fecha, genera comentarios chuscos en mis círculos familiares y amistosos.

Lo que he aprendido de mi experiencia como hijo/nieto, para aplicarlo como el padre que ahora soy, es lo siguiente:

  • Lo que como padre haga, o deje de hacer, trasciende las generaciones. Yo viví las consecuencias del desempeño de mi abuelo como padre de mi padre, algunas consecuencias fueron positivas, pero otras negativas, efecto directo de su “amor genuino bien intencionado, pero mal entendido”. Con esto yo entendí que debo ser muy consciente de cómo desempeño mi rol como padre, porque impactaré para bien o para mal a generaciones futuras, aún cuando yo ya no viva para conocer a dichas generaciones.
  • Yo soy dueño de mis decisiones y no debo culpar a mis ascendientes. Yo no soy quién  para juzgar a mis antepasados, solo me enfoqué en tomar lo bueno y replicarlo pero mejorando en buena medida y en cuanto a lo que consideré que no me convenía repetir el patrón, lo eliminé de la experiencia que empecé a diseñar como padre.

Mis consejos finales a los padres, muy aplicables también a las madres, y a aquellos que en un futuro lo serán:

  • No seamos víctimas del “amor genuino bien intencionado, pero mal entendido”.
  • No seamos permisivos.
  • No les demos a nuestros hijos todo lo que piden, porque ellos no saben lo que realmente les conviene.
  • Mejor aún, démosles aquello que no piden pero que sabemos les conviene.
  • Nunca dudemos de nuestra autoridad y jamás la cedamos.
  • Formemos hombres y mujeres de bien, para que cuando ellos formen sus propios hogares vivan una vida plena, llena de amor, responsabilidad y respeto. Generando así un hermoso círculo virtuoso.

¡¡¡Felicidades a todos los padres de familia!!! Les deseo todo el éxito en este hermoso rol, lleno de retos y satisfacciones incomparables.

Nota aclaratoria. Si estás leyendo este artículo en LinkedIn y estás pensando que esta reflexión era más propia para Facebook, te comparto mi convicción: Antes de ser profesionistas/trabajadores/empresarios/emprendedores somos seres humanos, y nuestros triunfos en las áreas mencionadas son un claro reflejo de cómo asimilamos nuestra experiencia como hijos y cómo vivimos o visualizamos nuestra experiencia como padres, ya que de nuestra experiencia familiar es desde donde tomamos impulso para triunfar en cualquier aspecto de la vida.

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